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jueves, septiembre 30, 2004
Cuando se acercó a mi oreja y me dijo que el autor de la carta era él me entraron deseos de matarlo. Eso no me podía pasar a mí. Insistí confiando en que me dijera que había sido una broma, que claro que no era él, pero en vez de eso desgranó cuatro números, los de su apartado de correos y ya no me cupo la menor duda. Y me entraron ganas de llorar. De un plumazo se había cargado a la persona sobre la que había proyectado mis fantasías, mis sueños y mis deseos las últimas horas. Se dio cuenta de mi desazón y, entre risas, me dijo que cómo no me daba cuenta de la suerte que tenía: "No tienes que seducirme, me tienes ya seducido". Pero enrabietada como estaba y con un gesto de niña contrariada sólo acerté a decirle lo evidente: yo no quería que fuera él, yo quería tener DOS.
miércoles, septiembre 29, 2004
Creo que no hay nada menos morboso que una playa nudista.
martes, septiembre 28, 2004
Hoy me he enterado de que es un cuento popular oriental y me he preguntado qué caminos habrá recorrido hasta aterrizar en un pequeño pueblo castellano."Un abuelo y su nieto van a comprar grano y llevan un burro para traer la carga. El niño va montado y el anciano andando. Se encuentran a una mujer que les dice: Vaya con el muchacho, él tan cómodo y el pobre anciano andando. El abuelo decide invertir los papeles, hace bajar al chico y se sube él al borrico. A pocos metros se cruzan con otro que les dice: Vaya con el abuelo, él como un señor y la pobre criatura a pie. El hombre desalentado se baja y decide caminar junto a su nieto. Al próximo que se encuentran le oyen murmurar: Hay que ser tontos, teniendo un burro y van los dos andando. El abuelo para al burro y se suben ambos encima. A los pocos minutos pasan por delante de un pastor que les increpa: Pero, hombre, pobre animal, van a acabar con él. "
lunes, septiembre 27, 2004
El día de autos apareció un hermoso bebé de más de cuatro kilos, pero de género femenino. Como entonces se daba a luz en la propia casa no se pudo achacar este contratiempo a un cambio de bebé o a cualquier otro error médico. Lo que había es lo que había y punto. A la mañana siguiente mi padre fue al Registro a inscribirme. Cuando estaba a punto de llegar se dio cuenta de que no había hablado con mi madre sobre el nombre de la niña. Preguntó al secretario que cuál era el santo del día y este le contestó que San Pascual Bailón. Mi padre lo descartó de inmediato aunque era un gran aficionado al baile y repasó los nombres de sus cuatro hermanas: Bonifacia, Aurelia, Priscila y Elisa. Afortunadamente para mí, su hermana del alma era mi tía Elisa y con ese me quedé. Aunque ahora que lo pienso si hubiera elegido Bonifacia quizás me hubieran conocido desde pequeña como Bo.
sábado, septiembre 25, 2004
Temía que esa confesión los ahuyentara pero, curiosamente, eso era lo que más les atraía.
viernes, septiembre 24, 2004
"La sorpresa fue descubrir que los ayuntamientos reservaban casi siempre los viernes y sábados, y que las listas de espera estaban llenas de vecinos de Madrid forzados a casarse en el exilio y a participar en un floreciente, caro y engorroso turismo rural de bodas. (...) nos enteramos de que en algún que otro ayuntamiento cercano a Madrid la tarifa del concejal para celebrar el enlace en sábado en. digamos, un restaurante podía ascender a unos abusivos 600 euros, y que empezaban ya a celebrarse ceremonias ficticias en sábado con un actor contratado en el papel de concejal (sin conocimiento de los invitados, claro), previo paso de los novios a hurtadillas por la junta municipal de turno el susodicho jueves."
Y os confieso que fue lo que más me interesó de todo lo que leí.
jueves, septiembre 23, 2004
Con Jesús Ferrero me crucé una noche en la calle Montera. Estuvimos hablando un rato de pie al lado de una cabina de teléfonos hasta que finalmente me propuso tomar un café en el Círculo. Charlamos durante cinco o seis horas y resultó muy grato. Es un tipo que está un poco loco pero encantador y de fácil trato. Eso sí, su persona se quedaba a años luz del encanto que destilaba la única novela suya que había leído, Belver Yin.
A Javier Garcia Sánchez le envié una postal cuando terminé su Última carta de amor de Carolina von Günderrode a Bettina Brentano, y me escribió una carta, no de amor pero sí muy cariñosa, a la que contesté a vuelta de correo pero de la que no obtuve respuesta. Era comprensible, a un escritor tan prolífico como él no debe quedarle mucho tiempo para dedicarlo a esos menesteres.
Cuando terminé Todas las almas escribí a Marías. Nos cruzamos varias cartas y finalmente hablamos por teléfono y concertamos una cita. Vivíamos a menos de diez minutos andando y quedamos a mitad de camino. El encuentro fue cordial pero resultó en cierta medida decepcionante. Él esperaba una fan incondicional de toda su obra y se molestó cuando le dije que salvo El hombre sentimental el resto no me interesaba. Por mi parte no tengo muy claro que es lo que no funcionó, aunque a veces pienso si la culpa del desencuentro no la tuvo el pantalón de mezclilla con el que acudió a la cita.
A Manuel Rivas le escribí hace unos días pero aún no he obtenido respuesta por su parte.
Las dos estaban solteras y no tenían novio a la vista, pero estaba claro que habían fantaseado más de lo que deseable con dejar ese estado. Durante todos estos años he preguntado por sus progresos sentimentales a los que las tratan, pero no ha habido novedad y ambas siguen solteras. Me pregunto si aún dormirán sin sujetador o si quizá una noche cualquiera decidieron dejar de soltar ese clic que ponía en evidencia su derrota.
miércoles, septiembre 22, 2004
Durante una época en que no tenía a nadie afín en el trabajo iba a desayunar a un bar que sólo tenía dos mesas. Llegaba, me pedía mi café y me sentaba a leer el periódico. La barra estaba siempre atestada de gente y en la otra mesa solía sentarse un tipo de unos treinta y cinco años que también leía la prensa y con el que a veces cruzaba una mirada. Cada mañana cuando llegaba le buscaba instintivamente en su mesa y él levantaba la vista del periódico tranquilo de que todo estuviera en orden. Un día en que mi mesa estaba ocupada le pedí que si podía sentarme con él. Creo que ese día ninguno de los dos pudimos concentrarnos en la lectura, se nos notaba nerviosos y aunque no cruzamos una palabra el grado de intimidad creció. A partir de entonces en vez de mirarnos nos sonreíamos. Una semana más tarde tuvimos que compartir mesa de nuevo y aproveché para contarle que me cambiaba de empresa a la semana siguiente. Se quedó callado, me felicitó y abrió el periódico.
El último día me presenté en el bar con una cajita de cartón llena de violetas de caramelo. Cuando terminé el café me acerqué a su mesa y se la di. Él, que se había puesto en pie, me ofreció su mano y yo se la estreché. Pero antes de soltársela me acerqué a él y le besé en las mejillas, tan cerca de la comisura de los labios que casi me supo a café.
martes, septiembre 21, 2004
Algo similar me ocurrió cuando llegué a Madrid con los taxis. Toda la gente de mi pueblo que venía a la capital siempre se movía por la ciudad en taxi. El metro les imponía demasiado respeto y temían perderse. Por esa razón siempre pensé que los taxistas vivían de la gente de los pueblos. Quién en sus cabales iba a pagar diez veces más por lo mismo.
lunes, septiembre 20, 2004
- Él.
- Su pareja.
- Sus hijos.
- Su trabajo.
- Lo demás.
Y estuve, y lo sigo estando, absolutamente de acuerdo con él.
domingo, septiembre 19, 2004
Cuando vino a verme mi mejor amiga se lo comenté y a ella también le extrañó ese gesto. "Sólo podría entenderlo -me dijo-, si fuera homosexual".
Me chocó este comentario de mi amiga en ese momento. Y aún no lo había olvidado cuando año y medio después el compañero de trabajo de mi marido salió del armario.
sábado, septiembre 18, 2004
La cena, desde que cumplimos quince años, dejó de ser de su incumbencia y cada uno se busca la vida como puede. El hecho de que haya invitados no le hace cambiar sus costumbres, nunca ha discriminado, por eso cuando llevamos visitas solemos ponerles en antecedentes para que se vayan haciendo a la idea.
Sin embargo, todos los amigos que hemos llevado a casa de mis padres siempre han querido volver. La razón es muy simple. Mi madre practica una costumbre que sorprende a propios y extraños. Cuando llega una pareja de visita (tanto da que uno de los miembros de esa pareja sea o no uno de sus hijos) mi madre pregunta si prefieren dormir juntos o separados.
Y claro lo que se va por lo que se viene.
viernes, septiembre 17, 2004
Me acordé de esa película ayer en el trabajo. Una de mis compañeras, por fin, y ante la insistencia del resto, se presentó con el álbum de fotos de su boda. Todo el mundo alabó el sencillo y exquisito vestido de la novia. Como no me atraen esos ropajes no le había prestado atención pero me fijé y francamente era un vestido precioso. En lo que sí reparé fue en su familia, sobre todo en su madre y en su abuela, dos mujeres altas, delgadas y de porte aristocrático, que como diría una amiga mía, debían estar hartas de pisar alfombras desde niñas. "Te habrá costado un pastón el vestido", le dijo una de las secretarias y ella se limitó a sonreír. En ese momento se volvió hacia mí y me dijo un "luego te cuento" que no supe interpretar.
Y por la tarde me contó. El vestido lo había comprado en el Segunda Mano por 450 euros. "Alguna ventaja tiene que tener el usar una talla estándar", me dijo riéndose y cuando aún seguía felicitándola por su fantástica idea, me confesó que eso no era todo. Después de la boda puso un anuncio en la misma revista y lo vendió por 500.
Toda una paradoja. La gente humilde dejándose la piel para cumplir fielmente los ritos burgueses y la clase pudiente pasándose esos mismos ritos por donde le viene en gana.
jueves, septiembre 16, 2004
Siempre me ha gustado leer libros de memorias. Ver cómo otros viven su vida. Leyendo las de Sartre y Beauvoir lo que más me fascinó fue saber que en sus viajes, a veces, se despedían en una ciudad y se reencontraban dos días después en otra ciudad distinta. La idea de perderme cuarenta y ocho horas me resulta muy atractiva. Me gustaría proponérselo a mi marido pero tengo miedo de que diga que sí.
miércoles, septiembre 15, 2004
Eso sí, con la gente de mi pueblo ni lo intento. Para ellos siempre he sido y seré "la chica de Paco". Al igual que mi hermana la mayor es conocida como "la grande de Paco", mi hermano es "el muchacho de Paco" y mi hermana la pequeña, que nació cuando nosotros tres ya estábamos crecidos, es "esa muchacha que tuvo Paco muy tarde".
martes, septiembre 14, 2004
Esta noticia apareció publicada en la sección de deportes de El País ayer lunes. Y, tranquilos, no es que el redactor se haya vuelto loco, no, simplemente es que me he permitido la licencia de ponerlo en masculino y sustituir a María Sharapova por Carlos Moyà.
Sin comentarios.
Pero lo que a mi madre acabó de sacarla de quicio ocurrió meses después. Mi padre estaba siendo recriminado por una pareja de la Guardia Civil, conocidos de la familia, por tener una escopeta de caza sin permiso. El más joven le dijo a mi padre que si le veía con ella por el campo le daba una hostia que se le quitaban las ganas de cazar para el resto de sus días. Mi tía se encaró con él y le dijo que cómo se atreviera a tocar a mi padre la hostia se la iba a llevar él. Mi madre intentó tranquilizar los ánimos pero mi tía se fue hacia el joven guardia civil y le soltó la hostia prometida. El otro miembro de la pareja llamó al cuartelillo y en dos horas mi tía estaba detenida por agresión a la autoridad. Esa noche durmió en la cárcel de Toledo y hasta una semana después, gracias a la intercesión de un coronel amigo de mi abuelo, no salió en libertad.
Mi madre estuvo todos esos días en Toledo, llevándole la comida y visitándola a diario, pero nunca la perdonó. Esa hostia tenía que haberla dado ella. Era su hostia. Y mi tía se la había arrebatado.
lunes, septiembre 13, 2004
Este anuncio lo leí hace años y despertó mi curiosidad. Supe desde el primer momento que ese tipo me iba a interesar. Y le contesté. Y me llamó por teléfono. Y tuvimos una cita. Y otra. Y nos dimos un beso. Y otros más. Y pasamos una noche juntos, y otra, y otra... Y a los tres meses se acabó todo.
Dos años después volvimos con las citas, con los besos y con las noches compartidas.
La semana pasada nuestro hijo quiso saber cómo nos habíamos conocido y nos arrancó a los dos una sonrisa.
domingo, septiembre 12, 2004
Hay otra cosa más que me hace saltar y es cuando por llegar el fin de una relación alguien nombra la palabra fracaso. Hay historias que se cuentan en los veinte segundos que dura un anuncio, algunas necesitan los minutos de un corto, otras el tiempo de un mediometraje. Hay largometrajes de noventa minutos y otros de tres horas, e incluso hay series que se alargan en el tiempo y parece que nunca llegan a su fin, ya sean culebrones o series de culto. Lo verdaderamente importante para mí es la calidad de lo vivido, no el metraje de esas historias.
sábado, septiembre 11, 2004
Más que un camposanto es un jardín bellísimo y que consigue hacerte olvidar que estás en el centro de Málaga. Pasear por entre las tumbas hechas con conchas o con guijarros sueltos, leer las inscripciones de las lápidas casi todas empezando por un: "In loving memory of ..." y escuchar la música del órgano y las voces de los coros que se filtraban de la pequeña capilla, me transportaron a otra época y me sentí, por unos momentos, un personaje de Jane Austen.
Allí descansan además del cónsul que lo fundó, Gerald Brenan, su esposa Gamel Woosley, Jorge Guillén, una baronesa economista de profesión y una señora que, según reza su epitafio, lo que más amó en este mundo fue a sus libros y a sus gatos.
viernes, septiembre 10, 2004
En 1997 descubrí Ikea. Mi marido y yo fuimos a la tienda de Alcorcón a comprar una librería. La elegimos, conseguimos encontrarla en un pasillo inmenso, fuimos capaces de cargarla en la baca del coche y tuvimos que hacer malabarismos para subirla del garaje hasta nuestra casa. Y empezó la fiesta: abrimos cajas, doblamos cartones y plano a la vista nos dispusimos a montar aquel galimatías. Tres horas más tarde me di cuenta de dos cosas, una de que la librería que habíamos conseguido montar era increíblemente idéntica a la vista en la tienda y dos, que nuestra relación de pareja era más sólida de lo que nunca hubiera pensado. Una relación que aguanta sin desmoronarse el montaje de un mueble de Ikea es una relación casi indestructible.
Desde entonces, y gracias a Ikea, ya tenemos nuestra ITV particular.
jueves, septiembre 09, 2004
Aquel encuentro, no obstante, resultó sorprendente. Desde el principio ambos nos dimos cuenta de que empatizábamos más de lo esperable. En veinte minutos me convenció de las bondades del proyecto y en pocos más le hice ver que era la candidata adecuada. Días después descubrimos que teníamos amigos comunes, que frecuentábamos los mismos cafés, que veíamos las mismas películas, que leíamos los mismos libros y que íbamos a los mismos conciertos.
Salíamos a comer solos con cierta frecuencia. Las comidas con compañeros de trabajo suelen ser tediosas y nos resultaba más atractiva la idea de hacer unas risas y compartir confidencias sobre nuestras respectivas parejas. Una tarde me dijo que esa forma de actuar nos iba a acarrear problemas. "En cuanto escuche el más mínimo comentario sobre nosotros, en cuanto a alguien se le ocurra aventurar que hay algo más que amistad entre tú y yo, ese día nos enrollamos", me dijo muy serio. Y nos echamos a reír ambos.
La mala suerte se cebó con nosotros y, contra todo pronóstico, nunca escuchamos un comentario que nos obligara a pasar a mayores. Lástima.
miércoles, septiembre 08, 2004
Cuando tuvo que empezar a cultivar las tierras que mi madre había heredado empezaron los problemas: no sabía varear olivas, ni sembrar garbanzos, ni podar la viña y, lo que es peor, los animales no le hacían caso, decir "heeeeeey, muuuuuula", puede parecer sencillo, pero una "e" de más o una "u" de menos son capaces de hacerte perder autoridad ante un animal de ese tipo.
Una tarde estaba intentando cargar dos sacos a una burra que nos habían dejado, pero no conseguía equilibrar la carga porque el animal no paraba de moverse. Mi padre lo intentaba una y otra vez sin éxito, mientras resoplaba desalentado. Le dije que en vez de ponerse rojo debería aprender a decir tacos. Se volvió hacia mí y me dijo: mecagüendios, quítate de ahí no te vayas a llevar una hostia. Y fue oír esa imprecación y la burra se quedó clavada en el sitio.
martes, septiembre 07, 2004
La semana pasada mi hijo, que tiene nueve años, me lo recordó mientras pedía que le comprara una botella de agua para combatir el calor, me señalaba un camión de bomberos que quizá iba a sofocar un incendio o le preguntaba a su padre si el individuo de pinta sospechosa que se nos acercó le habia intimidado. Me encantó que fuera tan preciso.
La posibilidad de tener un escritor en la familia no me desagrada. Eso sí, la idea de que sea de derechas me gusta bastante menos.
Hasta el mes pasado sólo tenía una idea vaga de lo que era un mascarón de proa. La causa de mi visita al Museo Marítimo de Barcelona no era otra que pasearme por entre los muros medievales de las Atarazanas Reales. No esperaba encontrar nada más de interés, por eso, la sorpresa y la emoción fueron mayores. Me quedé subyugada al descubrir dos figuras femeninas esculpidas en madera y policromadas, una de ellas con un abanico en una mano y recogiéndose la falda con la otra. Me las imaginé siendo la avanzadilla de esos barcos de vela propiedad de su padre o marido. Y pensé cuántas brumas empañaron sus ojos, cuántas gotas de mar las recorrieron y, sobre todo, cuántas fantasías despertaron en esos hombres solitarios a los que acompañaron durante tantas horas.
lunes, septiembre 06, 2004
sábado, septiembre 04, 2004
Mi primer novio en la capital lo conocí en una pequeña sala de cine donde proyectaban una película de Eric Rohmer. Estaba sentado dos filas delante de mí, su nuca me gustó y cuando salí del cine decidí seguirle. Subí la Gran Vía unos metros detrás de él y pensando en la frase genial con que iba a abordarle, pero al llegar a Callao lo vi con intenciones de coger el Metro y tuve que pasar a la acción sin demora con un: "Por favor, ¿tienes hora?", que aún hoy me pone de patillas. Me dijo que no llevaba reloj y le contesté que yo sí y que faltaban dos minutos para las diez. Nuestra relación de pareja duró dos años y nuestra amistad aún perdura.
viernes, septiembre 03, 2004
Otro inconveniente, y no de orden menor, es que la gente que se mueve a tu alrededor empieza a parecerte insulsa. Quién de tus conocidos puede competir con Julien Sorel o Fabrizio del Dongo, qué posible enamorado puede estar a la altura del protagonista de Las afinidades electivas, qué enfermo te va a impresionar después de haber vivido paso a paso las vicisitudes de Hans Castorp, qué amiga te va a parecer tan adorable como Madame de Tourvel... Ninguno.
Y finalmente esa soledad, a la que querías conjurar refugiándote en la lectura, en vez de menguar crece. Sólo que tú no te das cuenta de ello porque ya no te sientes sola. Vives rodeada de fantasmas.
jueves, septiembre 02, 2004
Pero cuando realmente me di cuenta de que era un tipo muy peculiar fue cuando lo de la rueda de repuesto. Se la habían robado una noche mientras tenía aparcado el coche a la puerta de su casa y pagar la parte que no le cubría el seguro le dolió enormemente. Y decidió que una y no más. A partir de entonces todas las noches abría el maletero, cogía la rueda y se la subía a su casa. Finalmente desistió, no porque se le pasase la neura sino porque empezó a salir con una chica de su portal y ella se lo pidió. No por ella, que lo entendía perfectamente, según le dijo, sino por sus padres, que eran un poco chapados a la antigua.
miércoles, septiembre 01, 2004
Hombre, no es mucho, pero algo es algo.
Quince días después volvió a abordarme. Era evidente que no me había reconocido y comenzó el cortejo de forma parecida. De nuevo volvió a hacerme la pregunta fatídica y de nuevo volví a contestarle en los mismos términos. "¡Ah!, bueno, no me importa", me dijo para mi asombro y siguió hablando como si tal cosa. Siempre me he preguntado qué le ocurriría en esas dos semanas que le hizo cambiar de opinión.