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miércoles, enero 18, 2012
El segundo trabajo en el taller de escritura que empecé este mes en Fuentetaja era escribir dos relatos iguales pero cambiando el narrador. Uno en primera persona y el otro en tercera, y con el tipo de narrador llamado omnisciente, es decir, un narrador capaz de meterse en la cabeza de todos los personajes y saberlo todo de ellos. El primero es autobiográfico como casi todo en este blog pero en el segundo dejé volar mi imaginación.
1
Durante años trabajé como camarera en un hotel de la costa. Como era la más cría, recién llegada y, además, rápida como una comadreja, me adjudicaron las mesas que estaban al final del comedor, con lo que tenía que recorrer metros y metros desde la cocina hasta mis clientes. Nunca me importó, pero con tantos desplazamientos y a la velocidad a la que trabajábamos el riesgo de resbalones aumentaba. La primera caída fue antológica: aplausos de unos comensales, risas de otros, bromas de los camareros. Me juré, mientras me levantaba, que aquello no se repetiría.
Unas semanas después, al perder el equilibrio de nuevo, mientras la bandeja volaba por los aires, cerré los ojos, me dejé caer sin resistencia y me hice la muerta. Oí ruidos de sillas y pasos acelerados que se acercaban. Me incorporaron, me dieron aire con el abanico de una turista inglesa, me sentaron en la silla del cliente más cercano y me dieron un vaso de agua mientras yo volvía en mí y disfrutaba del protagonismo. Y salí del comedor del brazo del maître como una reina. Ganas me dieron de levantar la manita y hacer un gesto de despedida a mi público.
2
Elisa trabajaba en el comedor de un hotel turístico. Era una adolescente espigada y con el nervio en el cuerpo. Cuando empezó le asignaron las mesas más lejanas a la cocina como se hacía con todos los nuevos y dos años después seguía con ese rango. Nunca se quejó ni pidió otro más cercano. El ritmo de trabajo era vertiginoso. Una noche, con tantas idas y venidas, resbaló y tuvo que soportar las risas y aplausos de los turistas y las bromas de sus colegas. Elisa disimuló, pero esas chanzas no le hicieron ninguna gracia.
Semanas después volvió a caerse de nuevo, pero en vez de levantarse rápidamente permaneció en el suelo simulando estar inconsciente, hasta que la ayudaron a levantarse y clientes y compañeros se volcaron con ella. Todos creyeron que se trataba de un mareo.
Todos menos el maître que siempre intuyó sus ínfulas teatreras y le ofreció su brazo para sacarla de allí. Nunca le dijo nada a Elisa, ni entonces ni años después, pero fue justo en ese momento cuando él supo que envejecerían juntos.
martes, enero 03, 2012
AUTOBIOGRAFIA DE UNA LECTORA
Juego sola a la puerta de la cocina de mi abuela. Dentro, mi madre y mi tía hablan. No presto atención hasta que me doy cuenta de que su conversación trata sobre mi hermana y sobre mí. Mi tía dice que mi hermana es guapísima, que le encantan sus bucles rubios y sus aires de princesa. Cuando acaba las loas a mi hermana y empieza conmigo afino el oído. Me quedo perpleja con lo que oigo. Dice la bruja de mi tía que es una pena que sea tan feílla. Imagino a mi madre poniendo cara de sorpresa ante ese comentario y espero oírla responder como es debido y poner las cosas en su sitio, pero mi madre, que no sabe que escucho, se limita a decir: "Mujer, no es para tanto".
Un mes después, mi hermana, que tiene seis años, empieza en la escuela. Le han comprado una cartilla con todas las letras. Yo, que tengo tres, le pido que me enseñe a leer. Me dice que sólo conoce las vocales. Repaso esas cinco letras y me acerco con la cartilla a mi madre, le pregunto cómo se llama la letra que le señalo. Mi madre me dice que la eme y me lee: ma, me, mi, mo, mu. Me vuelvo al patio y empiezo a practicar: mama, memo, mimo, mamo... Cuando termino vuelvo a preguntar por otra letra y por cómo se dice, y por otra, y por otra, y así hasta que termino la cartilla.
Mi abuela regenta una posada que tiene una cocina inmensa. Por las noches está llena de gentes de paso. A menudo me llaman para que lea. Siempre hay algún arriero que no se acaba de creer lo que ha oído contar de la nieta de la posadera. Llego con mi sillita, me siento y me quedo mirando a los que hablan hasta que se hace el silencio. Alguien me alarga una hoja de periódico arrugada, a veces hasta grasienta, y leo una noticia tras otra. Levanto la cabeza de vez en cuando para ver la sorpresa de los mayores, y la envidia de mi hermana y de mis primas. Y me siento en paz. Unas tienen bucles y otras leen.
En los doce años siguientes solo leí libros de texto y novelas de Corín Tellado pero a los quince años me fui a trabajar de camarera a un hotel de Benidorm, y descubrí los libros de la colección Reno: Gorki, Thomas Mann, Faulkner, Curzio Malaparte. Tres años después cuidando niños en Madrid leí de un tirón treinta novelitas de Simenon que coleccionaba el padre de una de las criaturas. A los veintiuno entré a trabajar en un banco y a partir de ese momento tuve dinero y tiempo para dedicarlo a la lectura y a la Facultad. Cayó Cortázar, Duras, Canetti, Flaubert, Stendhal, Bernhart y otros que recuerdo con cariño, además de manuales de economía y Keynes, Milton Friedman y otros que ya he olvidado. El problema era que que leía demasiado y vivía demasiado poco.
Al acabar tercero de carrera leí este anuncio: “Me gusta el blues, Visconti, los colores cálidos y divagar sobre casi todo. Si te interesan cosas así y eres universitaria (o parecido), carente de dogmas (o casi) y tienes una sonrisa bonita (o equivalente) te pido que me escribas.” Y le escribí. Vinieron años de amores confesables y de los otros, Truman Capote, cambios de trabajo, Agota Kristof, viajes a alguna parte, Carver, cafés, Irving. Y empecé a leer menos. Y a vivir más.
lunes, enero 18, 2010
No sé por qué en esta ocasión decidí ir a ver a Momix. Quizás fue porque su director, Mosen Pedleton, recomendaba la obra especialmente a todos aquellos a los que les entristece la llegada del frío y, claro está, me arrancó una sonrisa porque mis desencuentros con el frío cada invierno son más evidentes.
Sea por la razón que sea por la que fui, lo cierto es que salí tan fría como entré, y en dos horas de espectáculo no me produjeron ni una centésima parte de la emoción que esos chicos de ahí arriba me hacen sentir en un minuto y cuarenta segundos.
Sin embargo, tengo que reconocer que el señor Pendleton debe de ser un tipo bastante peculiar porque a la pregunta de El País Semanal "¿Qué le gusta hacer después de "hacerlo"?, contestó nada más y nada menos que lo siguiente: "Valoro si merece la pena decírselo a mi mujer o no". Y esa respuesta me arrancó no una sonrisa sino una carcajada.
miércoles, diciembre 16, 2009

Queridos Reyes Magos:
Sé que soy un poco pesada pidiendo cosas todos los años pero es que estos chicos se merecen esto que les pido y muchísimo más, así que por favor haced un esfuercito y traerles todo esto:
Una lámpara maravillosa para Addie
Un rayo de sol para Aldebarán
Una cena con daiquiris para Ana Hernández
Una muñeca vestida de rojo para Babi
Una bolsa de Naranjas de la China para Blanca Andreu
Un rana artista para Bohemia
Una emoción inesperada para Bomarzo
Un deseo, o dos, para Bris
Una mochila roja para Buscando un camino
Una bicicleta eléctrica casual para Carlos
Un sueño de color para Cover
Algo de andar por casa para Cubbie
Una escafandra y una mariposa para Dara Scully
Unas entradas para Aracaladanza para Dario
Una mesa y cuatro sillas de Ikea para Dominguero
Medio kilo de manzanas golden para Don Oso
Lo que nunca se atrevió a pedir para Dr Zito
Una orquídea para E
Un mini cambiador de voz para Esogh
Unos guantes superfashion para Fabiola
Un SMS de tirarte de espaldas para Falco
Un cuenta ligues para Golfo
Un viaje a alguna parte para Hans
Un pin astrolabio náutico para Heike
Un reloj para baño con ventosa para Hernán
Un viaje a la Gran Manzana para Isabel
Un apoya gafas personalizable para J eMe
Un calientamanos para Javier
Una caricatura en 3D para Jazzy
Una gorra solar con luz para Jean Bedel
Un supermando a distancia para Joan
Un kit rosa para el coche para JULIA
Un Otamatone para Juliet
Una manta con mangas para Krust
Un bolígrafo espía para La gorda
Un día luminoso para La Sombra del Mal
Una radio sin pilas a manivela para Ladhu
Una taza mágica personalizada para Ladybug
Nieve instantánea para Laura
Una radio Camaleón para León
Un estudio extensiones para Libertad
Un teléfono de pared español para Lunaria
Una camiseta con letras de velcro para Lunarroja
Un despertador volador para Manuel
Un encuentro en alguna fase para Mikel
Un momento de excepción para Min
Una mini guitarra de peluche para Mr. Peep
Una funda de planchar sexy para Nefer
Una ducha con luz para Pantaleón
Unas mangas tatuaje para Pau
Un llavero batería para PC
Unas Estrellas Ninja para Pedro
Una manta gustosa para Pedro (el de los Pleitos)
Un cambio de look para Pedro (Glup 2.0)
Un cerdito cantante para Perdida en la Red
Un monedero vaquero para Peterp
Un guiño inesperado para Pilar
Un montón de abrazos para Po
Un perrito hucha para Potsis
El papel de su vida para Red Lipstick
Algo que la sorprenda para Ripley
Un cuento de nunca acabar para Rutty
Un maletín de secretos para Señorita Puri
Un balón de reglamento para Sergio Rocha Prieto
Un anti-reloj para SGCI
Una rayuela para Silvina
Una caja para mando a distancia para Stravagantzza
Un salto en paracaidas para Su
Un tiburón teledirigido para Tatú
Lo mejor del mundo para Teresa, la de la ventana
Un arco iris en su habitación para Timshel
Un pack de emociones sin límite para Tipos Infames
Una aventura para dos para Usebio Chinostra
Un telegrama de chocolate para Valpertuna
Un peluche Yoda para Vanchy
Un revistero News para Veronica (peke)
Unas gafas de fiesta anti-escándalo para Vicent
Una peluca inflable para VICtoria
Un nido de rosas para Violeta Limonada
Un despertador fugitivo para Vireta
Un Pichi pichi Ebi-San para Yulep
Un caddy de baño para Zuluslave
Una exuberante copa de anturios para Zuvi
Un muñeco de Obama para Zuviëh
Y para los que callan un paraguas doble amarillo a cada uno.
sábado, noviembre 14, 2009

Durante los aburridos años que pasé sentada en una mesa en una oficina bancaria, tuve la oportunidad de ver esta imagen cientos de veces impresa en los talones que los clientes ingresaban en sus cuentas. Solía fijarme en los logotipos de los bancos y cajas de ahorro y este, diseñado por Miró, era mi preferido: me gustaba esa gran estrella y esos dos pequeños soles. Sólo años después supe que lo que Miró realmente dibujó no era lo que yo creía, sino la imagen de un niño echando una moneda en una hucha.

Desde hace años hago la compra semanal en Carrefour, primero yendo físicamente a la tienda y desde ya hace bastante tiempo sentada cómodamente en mi casa tecleando este ordenador. Como además en esta casa nos gustan las marcas blancas, vivimos rodeados del logotipo de Carrefour. Reconozco que siempre me ha gustado esa imagen: esas dos flechas mirando una a cada lado, una tan simple y la otra tan peripuesta. Hasta esta mañana en que mi hijo me ha dicho que estaba cansado de ver la C de Carrefour por todas partes. He cogido un cartón de leche, he mirado con atención y por primera vez en mi vida he visto una C donde yo sólo había visto dos flechas.
jueves, octubre 15, 2009

Contaba en una entrevista Sharon Stone que, viendo cómo se le iba pasando la treintena sin que nadie le ofreciera un papel decente, en 1990 decidió posar desnuda para Playboy. La actriz, que hasta ese momento había sido ninguneada por unos y otros, llamó tanto la atención que consiguió el papel que la convertiría en las piernas cruzadas más famosas del cine. Y lo contaba con un punto de tristeza, como lamentándose de que sin esas fotos lo más probable es que hubiera seguido siendo una actriz de segunda fila.
En el caso de esta actriz sólo puedo decir ¡chapeau!, pero otra cosa muy distinta es lo que he leído esta mañana. Han pasado cuatro horas y aún no me lo puedo creer. Lo puedo aceptar en el caso de actrices, cantantes, o concursantes del Gran Hermano, pero que este icono del género femenino se desnude es superior a mis fuerzas. Qué pensará de eso su marido, sus hijos, sus vecinos... Me pregunto si estará tan necesitada de dinero como para prestarse a ese juego...
Para los que aún no sepáis a quién me refiero no tenéis más que pinchar aquí. Y sorprendeos.
viernes, septiembre 11, 2009

"Donde no entra el sol, tiene que entrar el médico y donde no puede vivir un árbol, no puede ni debe vivir tampoco un ser humano. Suponiendo que pudiéramos plantar árboles en todas las calles estrechas del Madrid actual, nadie dudará que vivirían muy pocos, faltos de luz y de aire y, sin embargo, nos parece natural y corriente que allí vivan miles de seres humanos."
Esto pensaba Arturo Soria y basándose en esta filosofía diseñó su Ciudad Lineal, y la calle que llevaría luego su nombre: una gran avenida por donde circulaba el tranvía y que tenía siete filas de árboles. Cuando conocí este barrio me fascinó y cuando al nacer mi hijo tuve que dejar el centro de Madrid sabía donde quería vivir.
Me encanta caminar por esta calle con sus enormes aceras y su césped, y sus cientos de árboles. Cuando lo hago sola me encanta oír los trozos de conversaciones de la gente con la que me cruzo, o a la que adelanto; a veces tengo que andar más deprisa para seguir en la conversación o demorarme para no perderme la continuación de lo que cuentan. El otro día caminaba detrás de una pareja de esas de edad indefinida cuando me di cuenta de que iban hablando sin parar, así que aligeré la marcha y me coloqué tras de ellos dispuesta a ponerme al tanto de su charla. Me quedé de piedra al oír a la mujer decir: "Dios te salve María llena eres de gracia..." y al hombre contestar: "Santa María madre de Dios ruega por nosotros...".
Así que en cuanto llegué a casa le dije a Mr. Peep: "Tenemos que volver al centro de Madrid. ¡Ya!". Y en esas estamos.
1
Durante años trabajé como camarera en un hotel de la costa. Como era la más cría, recién llegada y, además, rápida como una comadreja, me adjudicaron las mesas que estaban al final del comedor, con lo que tenía que recorrer metros y metros desde la cocina hasta mis clientes. Nunca me importó, pero con tantos desplazamientos y a la velocidad a la que trabajábamos el riesgo de resbalones aumentaba. La primera caída fue antológica: aplausos de unos comensales, risas de otros, bromas de los camareros. Me juré, mientras me levantaba, que aquello no se repetiría.
Unas semanas después, al perder el equilibrio de nuevo, mientras la bandeja volaba por los aires, cerré los ojos, me dejé caer sin resistencia y me hice la muerta. Oí ruidos de sillas y pasos acelerados que se acercaban. Me incorporaron, me dieron aire con el abanico de una turista inglesa, me sentaron en la silla del cliente más cercano y me dieron un vaso de agua mientras yo volvía en mí y disfrutaba del protagonismo. Y salí del comedor del brazo del maître como una reina. Ganas me dieron de levantar la manita y hacer un gesto de despedida a mi público.
2
Elisa trabajaba en el comedor de un hotel turístico. Era una adolescente espigada y con el nervio en el cuerpo. Cuando empezó le asignaron las mesas más lejanas a la cocina como se hacía con todos los nuevos y dos años después seguía con ese rango. Nunca se quejó ni pidió otro más cercano. El ritmo de trabajo era vertiginoso. Una noche, con tantas idas y venidas, resbaló y tuvo que soportar las risas y aplausos de los turistas y las bromas de sus colegas. Elisa disimuló, pero esas chanzas no le hicieron ninguna gracia.
Semanas después volvió a caerse de nuevo, pero en vez de levantarse rápidamente permaneció en el suelo simulando estar inconsciente, hasta que la ayudaron a levantarse y clientes y compañeros se volcaron con ella. Todos creyeron que se trataba de un mareo.
Todos menos el maître que siempre intuyó sus ínfulas teatreras y le ofreció su brazo para sacarla de allí. Nunca le dijo nada a Elisa, ni entonces ni años después, pero fue justo en ese momento cuando él supo que envejecerían juntos.
Juego sola a la puerta de la cocina de mi abuela. Dentro, mi madre y mi tía hablan. No presto atención hasta que me doy cuenta de que su conversación trata sobre mi hermana y sobre mí. Mi tía dice que mi hermana es guapísima, que le encantan sus bucles rubios y sus aires de princesa. Cuando acaba las loas a mi hermana y empieza conmigo afino el oído. Me quedo perpleja con lo que oigo. Dice la bruja de mi tía que es una pena que sea tan feílla. Imagino a mi madre poniendo cara de sorpresa ante ese comentario y espero oírla responder como es debido y poner las cosas en su sitio, pero mi madre, que no sabe que escucho, se limita a decir: "Mujer, no es para tanto".
Un mes después, mi hermana, que tiene seis años, empieza en la escuela. Le han comprado una cartilla con todas las letras. Yo, que tengo tres, le pido que me enseñe a leer. Me dice que sólo conoce las vocales. Repaso esas cinco letras y me acerco con la cartilla a mi madre, le pregunto cómo se llama la letra que le señalo. Mi madre me dice que la eme y me lee: ma, me, mi, mo, mu. Me vuelvo al patio y empiezo a practicar: mama, memo, mimo, mamo... Cuando termino vuelvo a preguntar por otra letra y por cómo se dice, y por otra, y por otra, y así hasta que termino la cartilla.
Mi abuela regenta una posada que tiene una cocina inmensa. Por las noches está llena de gentes de paso. A menudo me llaman para que lea. Siempre hay algún arriero que no se acaba de creer lo que ha oído contar de la nieta de la posadera. Llego con mi sillita, me siento y me quedo mirando a los que hablan hasta que se hace el silencio. Alguien me alarga una hoja de periódico arrugada, a veces hasta grasienta, y leo una noticia tras otra. Levanto la cabeza de vez en cuando para ver la sorpresa de los mayores, y la envidia de mi hermana y de mis primas. Y me siento en paz. Unas tienen bucles y otras leen.
En los doce años siguientes solo leí libros de texto y novelas de Corín Tellado pero a los quince años me fui a trabajar de camarera a un hotel de Benidorm, y descubrí los libros de la colección Reno: Gorki, Thomas Mann, Faulkner, Curzio Malaparte. Tres años después cuidando niños en Madrid leí de un tirón treinta novelitas de Simenon que coleccionaba el padre de una de las criaturas. A los veintiuno entré a trabajar en un banco y a partir de ese momento tuve dinero y tiempo para dedicarlo a la lectura y a la Facultad. Cayó Cortázar, Duras, Canetti, Flaubert, Stendhal, Bernhart y otros que recuerdo con cariño, además de manuales de economía y Keynes, Milton Friedman y otros que ya he olvidado. El problema era que que leía demasiado y vivía demasiado poco.
Al acabar tercero de carrera leí este anuncio: “Me gusta el blues, Visconti, los colores cálidos y divagar sobre casi todo. Si te interesan cosas así y eres universitaria (o parecido), carente de dogmas (o casi) y tienes una sonrisa bonita (o equivalente) te pido que me escribas.” Y le escribí. Vinieron años de amores confesables y de los otros, Truman Capote, cambios de trabajo, Agota Kristof, viajes a alguna parte, Carver, cafés, Irving. Y empecé a leer menos. Y a vivir más.
lunes, enero 18, 2010
No sé por qué en esta ocasión decidí ir a ver a Momix. Quizás fue porque su director, Mosen Pedleton, recomendaba la obra especialmente a todos aquellos a los que les entristece la llegada del frío y, claro está, me arrancó una sonrisa porque mis desencuentros con el frío cada invierno son más evidentes.
Sea por la razón que sea por la que fui, lo cierto es que salí tan fría como entré, y en dos horas de espectáculo no me produjeron ni una centésima parte de la emoción que esos chicos de ahí arriba me hacen sentir en un minuto y cuarenta segundos.
Sin embargo, tengo que reconocer que el señor Pendleton debe de ser un tipo bastante peculiar porque a la pregunta de El País Semanal "¿Qué le gusta hacer después de "hacerlo"?, contestó nada más y nada menos que lo siguiente: "Valoro si merece la pena decírselo a mi mujer o no". Y esa respuesta me arrancó no una sonrisa sino una carcajada.
miércoles, diciembre 16, 2009

Queridos Reyes Magos:
Sé que soy un poco pesada pidiendo cosas todos los años pero es que estos chicos se merecen esto que les pido y muchísimo más, así que por favor haced un esfuercito y traerles todo esto:
Una lámpara maravillosa para Addie
Un rayo de sol para Aldebarán
Una cena con daiquiris para Ana Hernández
Una muñeca vestida de rojo para Babi
Una bolsa de Naranjas de la China para Blanca Andreu
Un rana artista para Bohemia
Una emoción inesperada para Bomarzo
Un deseo, o dos, para Bris
Una mochila roja para Buscando un camino
Una bicicleta eléctrica casual para Carlos
Un sueño de color para Cover
Algo de andar por casa para Cubbie
Una escafandra y una mariposa para Dara Scully
Unas entradas para Aracaladanza para Dario
Una mesa y cuatro sillas de Ikea para Dominguero
Medio kilo de manzanas golden para Don Oso
Lo que nunca se atrevió a pedir para Dr Zito
Una orquídea para E
Un mini cambiador de voz para Esogh
Unos guantes superfashion para Fabiola
Un SMS de tirarte de espaldas para Falco
Un cuenta ligues para Golfo
Un viaje a alguna parte para Hans
Un pin astrolabio náutico para Heike
Un reloj para baño con ventosa para Hernán
Un viaje a la Gran Manzana para Isabel
Un apoya gafas personalizable para J eMe
Un calientamanos para Javier
Una caricatura en 3D para Jazzy
Una gorra solar con luz para Jean Bedel
Un supermando a distancia para Joan
Un kit rosa para el coche para JULIA
Un Otamatone para Juliet
Una manta con mangas para Krust
Un bolígrafo espía para La gorda
Un día luminoso para La Sombra del Mal
Una radio sin pilas a manivela para Ladhu
Una taza mágica personalizada para Ladybug
Nieve instantánea para Laura
Una radio Camaleón para León
Un estudio extensiones para Libertad
Un teléfono de pared español para Lunaria
Una camiseta con letras de velcro para Lunarroja
Un despertador volador para Manuel
Un encuentro en alguna fase para Mikel
Un momento de excepción para Min
Una mini guitarra de peluche para Mr. Peep
Una funda de planchar sexy para Nefer
Una ducha con luz para Pantaleón
Unas mangas tatuaje para Pau
Un llavero batería para PC
Unas Estrellas Ninja para Pedro
Una manta gustosa para Pedro (el de los Pleitos)
Un cambio de look para Pedro (Glup 2.0)
Un cerdito cantante para Perdida en la Red
Un monedero vaquero para Peterp
Un guiño inesperado para Pilar
Un montón de abrazos para Po
Un perrito hucha para Potsis
El papel de su vida para Red Lipstick
Algo que la sorprenda para Ripley
Un cuento de nunca acabar para Rutty
Un maletín de secretos para Señorita Puri
Un balón de reglamento para Sergio Rocha Prieto
Un anti-reloj para SGCI
Una rayuela para Silvina
Una caja para mando a distancia para Stravagantzza
Un salto en paracaidas para Su
Un tiburón teledirigido para Tatú
Lo mejor del mundo para Teresa, la de la ventana
Un arco iris en su habitación para Timshel
Un pack de emociones sin límite para Tipos Infames
Una aventura para dos para Usebio Chinostra
Un telegrama de chocolate para Valpertuna
Un peluche Yoda para Vanchy
Un revistero News para Veronica (peke)
Unas gafas de fiesta anti-escándalo para Vicent
Una peluca inflable para VICtoria
Un nido de rosas para Violeta Limonada
Un despertador fugitivo para Vireta
Un Pichi pichi Ebi-San para Yulep
Un caddy de baño para Zuluslave
Una exuberante copa de anturios para Zuvi
Un muñeco de Obama para Zuviëh
Y para los que callan un paraguas doble amarillo a cada uno.
sábado, noviembre 14, 2009

Durante los aburridos años que pasé sentada en una mesa en una oficina bancaria, tuve la oportunidad de ver esta imagen cientos de veces impresa en los talones que los clientes ingresaban en sus cuentas. Solía fijarme en los logotipos de los bancos y cajas de ahorro y este, diseñado por Miró, era mi preferido: me gustaba esa gran estrella y esos dos pequeños soles. Sólo años después supe que lo que Miró realmente dibujó no era lo que yo creía, sino la imagen de un niño echando una moneda en una hucha.

Desde hace años hago la compra semanal en Carrefour, primero yendo físicamente a la tienda y desde ya hace bastante tiempo sentada cómodamente en mi casa tecleando este ordenador. Como además en esta casa nos gustan las marcas blancas, vivimos rodeados del logotipo de Carrefour. Reconozco que siempre me ha gustado esa imagen: esas dos flechas mirando una a cada lado, una tan simple y la otra tan peripuesta. Hasta esta mañana en que mi hijo me ha dicho que estaba cansado de ver la C de Carrefour por todas partes. He cogido un cartón de leche, he mirado con atención y por primera vez en mi vida he visto una C donde yo sólo había visto dos flechas.
jueves, octubre 15, 2009

Contaba en una entrevista Sharon Stone que, viendo cómo se le iba pasando la treintena sin que nadie le ofreciera un papel decente, en 1990 decidió posar desnuda para Playboy. La actriz, que hasta ese momento había sido ninguneada por unos y otros, llamó tanto la atención que consiguió el papel que la convertiría en las piernas cruzadas más famosas del cine. Y lo contaba con un punto de tristeza, como lamentándose de que sin esas fotos lo más probable es que hubiera seguido siendo una actriz de segunda fila.
En el caso de esta actriz sólo puedo decir ¡chapeau!, pero otra cosa muy distinta es lo que he leído esta mañana. Han pasado cuatro horas y aún no me lo puedo creer. Lo puedo aceptar en el caso de actrices, cantantes, o concursantes del Gran Hermano, pero que este icono del género femenino se desnude es superior a mis fuerzas. Qué pensará de eso su marido, sus hijos, sus vecinos... Me pregunto si estará tan necesitada de dinero como para prestarse a ese juego...
Para los que aún no sepáis a quién me refiero no tenéis más que pinchar aquí. Y sorprendeos.
viernes, septiembre 11, 2009

"Donde no entra el sol, tiene que entrar el médico y donde no puede vivir un árbol, no puede ni debe vivir tampoco un ser humano. Suponiendo que pudiéramos plantar árboles en todas las calles estrechas del Madrid actual, nadie dudará que vivirían muy pocos, faltos de luz y de aire y, sin embargo, nos parece natural y corriente que allí vivan miles de seres humanos."
Esto pensaba Arturo Soria y basándose en esta filosofía diseñó su Ciudad Lineal, y la calle que llevaría luego su nombre: una gran avenida por donde circulaba el tranvía y que tenía siete filas de árboles. Cuando conocí este barrio me fascinó y cuando al nacer mi hijo tuve que dejar el centro de Madrid sabía donde quería vivir.
Me encanta caminar por esta calle con sus enormes aceras y su césped, y sus cientos de árboles. Cuando lo hago sola me encanta oír los trozos de conversaciones de la gente con la que me cruzo, o a la que adelanto; a veces tengo que andar más deprisa para seguir en la conversación o demorarme para no perderme la continuación de lo que cuentan. El otro día caminaba detrás de una pareja de esas de edad indefinida cuando me di cuenta de que iban hablando sin parar, así que aligeré la marcha y me coloqué tras de ellos dispuesta a ponerme al tanto de su charla. Me quedé de piedra al oír a la mujer decir: "Dios te salve María llena eres de gracia..." y al hombre contestar: "Santa María madre de Dios ruega por nosotros...".
Así que en cuanto llegué a casa le dije a Mr. Peep: "Tenemos que volver al centro de Madrid. ¡Ya!". Y en esas estamos.
No sé por qué en esta ocasión decidí ir a ver a Momix. Quizás fue porque su director, Mosen Pedleton, recomendaba la obra especialmente a todos aquellos a los que les entristece la llegada del frío y, claro está, me arrancó una sonrisa porque mis desencuentros con el frío cada invierno son más evidentes.
Sea por la razón que sea por la que fui, lo cierto es que salí tan fría como entré, y en dos horas de espectáculo no me produjeron ni una centésima parte de la emoción que esos chicos de ahí arriba me hacen sentir en un minuto y cuarenta segundos.
Sin embargo, tengo que reconocer que el señor Pendleton debe de ser un tipo bastante peculiar porque a la pregunta de El País Semanal "¿Qué le gusta hacer después de "hacerlo"?, contestó nada más y nada menos que lo siguiente: "Valoro si merece la pena decírselo a mi mujer o no". Y esa respuesta me arrancó no una sonrisa sino una carcajada.

Queridos Reyes Magos:
Sé que soy un poco pesada pidiendo cosas todos los años pero es que estos chicos se merecen esto que les pido y muchísimo más, así que por favor haced un esfuercito y traerles todo esto:
Una lámpara maravillosa para Addie
Un rayo de sol para Aldebarán
Una cena con daiquiris para Ana Hernández
Una muñeca vestida de rojo para Babi
Una bolsa de Naranjas de la China para Blanca Andreu
Un rana artista para Bohemia
Una emoción inesperada para Bomarzo
Un deseo, o dos, para Bris
Una mochila roja para Buscando un camino
Una bicicleta eléctrica casual para Carlos
Un sueño de color para Cover
Algo de andar por casa para Cubbie
Una escafandra y una mariposa para Dara Scully
Unas entradas para Aracaladanza para Dario
Una mesa y cuatro sillas de Ikea para Dominguero
Medio kilo de manzanas golden para Don Oso
Lo que nunca se atrevió a pedir para Dr Zito
Una orquídea para E
Un mini cambiador de voz para Esogh
Unos guantes superfashion para Fabiola
Un SMS de tirarte de espaldas para Falco
Un cuenta ligues para Golfo
Un viaje a alguna parte para Hans
Un pin astrolabio náutico para Heike
Un reloj para baño con ventosa para Hernán
Un viaje a la Gran Manzana para Isabel
Un apoya gafas personalizable para J eMe
Un calientamanos para Javier
Una caricatura en 3D para Jazzy
Una gorra solar con luz para Jean Bedel
Un supermando a distancia para Joan
Un kit rosa para el coche para JULIA
Un Otamatone para Juliet
Una manta con mangas para Krust
Un bolígrafo espía para La gorda
Un día luminoso para La Sombra del Mal
Una radio sin pilas a manivela para Ladhu
Una taza mágica personalizada para Ladybug
Nieve instantánea para Laura
Una radio Camaleón para León
Un estudio extensiones para Libertad
Un teléfono de pared español para Lunaria
Una camiseta con letras de velcro para Lunarroja
Un despertador volador para Manuel
Un encuentro en alguna fase para Mikel
Un momento de excepción para Min
Una mini guitarra de peluche para Mr. Peep
Una funda de planchar sexy para Nefer
Una ducha con luz para Pantaleón
Unas mangas tatuaje para Pau
Un llavero batería para PC
Unas Estrellas Ninja para Pedro
Una manta gustosa para Pedro (el de los Pleitos)
Un cambio de look para Pedro (Glup 2.0)
Un cerdito cantante para Perdida en la Red
Un monedero vaquero para Peterp
Un guiño inesperado para Pilar
Un montón de abrazos para Po
Un perrito hucha para Potsis
El papel de su vida para Red Lipstick
Algo que la sorprenda para Ripley
Un cuento de nunca acabar para Rutty
Un maletín de secretos para Señorita Puri
Un balón de reglamento para Sergio Rocha Prieto
Un anti-reloj para SGCI
Una rayuela para Silvina
Una caja para mando a distancia para Stravagantzza
Un salto en paracaidas para Su
Un tiburón teledirigido para Tatú
Lo mejor del mundo para Teresa, la de la ventana
Un arco iris en su habitación para Timshel
Un pack de emociones sin límite para Tipos Infames
Una aventura para dos para Usebio Chinostra
Un telegrama de chocolate para Valpertuna
Un peluche Yoda para Vanchy
Un revistero News para Veronica (peke)
Unas gafas de fiesta anti-escándalo para Vicent
Una peluca inflable para VICtoria
Un nido de rosas para Violeta Limonada
Un despertador fugitivo para Vireta
Un Pichi pichi Ebi-San para Yulep
Un caddy de baño para Zuluslave
Una exuberante copa de anturios para Zuvi
Un muñeco de Obama para Zuviëh
Y para los que callan un paraguas doble amarillo a cada uno.
sábado, noviembre 14, 2009

Durante los aburridos años que pasé sentada en una mesa en una oficina bancaria, tuve la oportunidad de ver esta imagen cientos de veces impresa en los talones que los clientes ingresaban en sus cuentas. Solía fijarme en los logotipos de los bancos y cajas de ahorro y este, diseñado por Miró, era mi preferido: me gustaba esa gran estrella y esos dos pequeños soles. Sólo años después supe que lo que Miró realmente dibujó no era lo que yo creía, sino la imagen de un niño echando una moneda en una hucha.

Desde hace años hago la compra semanal en Carrefour, primero yendo físicamente a la tienda y desde ya hace bastante tiempo sentada cómodamente en mi casa tecleando este ordenador. Como además en esta casa nos gustan las marcas blancas, vivimos rodeados del logotipo de Carrefour. Reconozco que siempre me ha gustado esa imagen: esas dos flechas mirando una a cada lado, una tan simple y la otra tan peripuesta. Hasta esta mañana en que mi hijo me ha dicho que estaba cansado de ver la C de Carrefour por todas partes. He cogido un cartón de leche, he mirado con atención y por primera vez en mi vida he visto una C donde yo sólo había visto dos flechas.
jueves, octubre 15, 2009

Contaba en una entrevista Sharon Stone que, viendo cómo se le iba pasando la treintena sin que nadie le ofreciera un papel decente, en 1990 decidió posar desnuda para Playboy. La actriz, que hasta ese momento había sido ninguneada por unos y otros, llamó tanto la atención que consiguió el papel que la convertiría en las piernas cruzadas más famosas del cine. Y lo contaba con un punto de tristeza, como lamentándose de que sin esas fotos lo más probable es que hubiera seguido siendo una actriz de segunda fila.
En el caso de esta actriz sólo puedo decir ¡chapeau!, pero otra cosa muy distinta es lo que he leído esta mañana. Han pasado cuatro horas y aún no me lo puedo creer. Lo puedo aceptar en el caso de actrices, cantantes, o concursantes del Gran Hermano, pero que este icono del género femenino se desnude es superior a mis fuerzas. Qué pensará de eso su marido, sus hijos, sus vecinos... Me pregunto si estará tan necesitada de dinero como para prestarse a ese juego...
Para los que aún no sepáis a quién me refiero no tenéis más que pinchar aquí. Y sorprendeos.
viernes, septiembre 11, 2009

"Donde no entra el sol, tiene que entrar el médico y donde no puede vivir un árbol, no puede ni debe vivir tampoco un ser humano. Suponiendo que pudiéramos plantar árboles en todas las calles estrechas del Madrid actual, nadie dudará que vivirían muy pocos, faltos de luz y de aire y, sin embargo, nos parece natural y corriente que allí vivan miles de seres humanos."
Esto pensaba Arturo Soria y basándose en esta filosofía diseñó su Ciudad Lineal, y la calle que llevaría luego su nombre: una gran avenida por donde circulaba el tranvía y que tenía siete filas de árboles. Cuando conocí este barrio me fascinó y cuando al nacer mi hijo tuve que dejar el centro de Madrid sabía donde quería vivir.
Me encanta caminar por esta calle con sus enormes aceras y su césped, y sus cientos de árboles. Cuando lo hago sola me encanta oír los trozos de conversaciones de la gente con la que me cruzo, o a la que adelanto; a veces tengo que andar más deprisa para seguir en la conversación o demorarme para no perderme la continuación de lo que cuentan. El otro día caminaba detrás de una pareja de esas de edad indefinida cuando me di cuenta de que iban hablando sin parar, así que aligeré la marcha y me coloqué tras de ellos dispuesta a ponerme al tanto de su charla. Me quedé de piedra al oír a la mujer decir: "Dios te salve María llena eres de gracia..." y al hombre contestar: "Santa María madre de Dios ruega por nosotros...".
Así que en cuanto llegué a casa le dije a Mr. Peep: "Tenemos que volver al centro de Madrid. ¡Ya!". Y en esas estamos.

Durante los aburridos años que pasé sentada en una mesa en una oficina bancaria, tuve la oportunidad de ver esta imagen cientos de veces impresa en los talones que los clientes ingresaban en sus cuentas. Solía fijarme en los logotipos de los bancos y cajas de ahorro y este, diseñado por Miró, era mi preferido: me gustaba esa gran estrella y esos dos pequeños soles. Sólo años después supe que lo que Miró realmente dibujó no era lo que yo creía, sino la imagen de un niño echando una moneda en una hucha.

Desde hace años hago la compra semanal en Carrefour, primero yendo físicamente a la tienda y desde ya hace bastante tiempo sentada cómodamente en mi casa tecleando este ordenador. Como además en esta casa nos gustan las marcas blancas, vivimos rodeados del logotipo de Carrefour. Reconozco que siempre me ha gustado esa imagen: esas dos flechas mirando una a cada lado, una tan simple y la otra tan peripuesta. Hasta esta mañana en que mi hijo me ha dicho que estaba cansado de ver la C de Carrefour por todas partes. He cogido un cartón de leche, he mirado con atención y por primera vez en mi vida he visto una C donde yo sólo había visto dos flechas.
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Contaba en una entrevista Sharon Stone que, viendo cómo se le iba pasando la treintena sin que nadie le ofreciera un papel decente, en 1990 decidió posar desnuda para Playboy. La actriz, que hasta ese momento había sido ninguneada por unos y otros, llamó tanto la atención que consiguió el papel que la convertiría en las piernas cruzadas más famosas del cine. Y lo contaba con un punto de tristeza, como lamentándose de que sin esas fotos lo más probable es que hubiera seguido siendo una actriz de segunda fila.
En el caso de esta actriz sólo puedo decir ¡chapeau!, pero otra cosa muy distinta es lo que he leído esta mañana. Han pasado cuatro horas y aún no me lo puedo creer. Lo puedo aceptar en el caso de actrices, cantantes, o concursantes del Gran Hermano, pero que este icono del género femenino se desnude es superior a mis fuerzas. Qué pensará de eso su marido, sus hijos, sus vecinos... Me pregunto si estará tan necesitada de dinero como para prestarse a ese juego...
Para los que aún no sepáis a quién me refiero no tenéis más que pinchar aquí. Y sorprendeos.
viernes, septiembre 11, 2009

"Donde no entra el sol, tiene que entrar el médico y donde no puede vivir un árbol, no puede ni debe vivir tampoco un ser humano. Suponiendo que pudiéramos plantar árboles en todas las calles estrechas del Madrid actual, nadie dudará que vivirían muy pocos, faltos de luz y de aire y, sin embargo, nos parece natural y corriente que allí vivan miles de seres humanos."
Esto pensaba Arturo Soria y basándose en esta filosofía diseñó su Ciudad Lineal, y la calle que llevaría luego su nombre: una gran avenida por donde circulaba el tranvía y que tenía siete filas de árboles. Cuando conocí este barrio me fascinó y cuando al nacer mi hijo tuve que dejar el centro de Madrid sabía donde quería vivir.
Me encanta caminar por esta calle con sus enormes aceras y su césped, y sus cientos de árboles. Cuando lo hago sola me encanta oír los trozos de conversaciones de la gente con la que me cruzo, o a la que adelanto; a veces tengo que andar más deprisa para seguir en la conversación o demorarme para no perderme la continuación de lo que cuentan. El otro día caminaba detrás de una pareja de esas de edad indefinida cuando me di cuenta de que iban hablando sin parar, así que aligeré la marcha y me coloqué tras de ellos dispuesta a ponerme al tanto de su charla. Me quedé de piedra al oír a la mujer decir: "Dios te salve María llena eres de gracia..." y al hombre contestar: "Santa María madre de Dios ruega por nosotros...".
Así que en cuanto llegué a casa le dije a Mr. Peep: "Tenemos que volver al centro de Madrid. ¡Ya!". Y en esas estamos.

"Donde no entra el sol, tiene que entrar el médico y donde no puede vivir un árbol, no puede ni debe vivir tampoco un ser humano. Suponiendo que pudiéramos plantar árboles en todas las calles estrechas del Madrid actual, nadie dudará que vivirían muy pocos, faltos de luz y de aire y, sin embargo, nos parece natural y corriente que allí vivan miles de seres humanos."
Esto pensaba Arturo Soria y basándose en esta filosofía diseñó su Ciudad Lineal, y la calle que llevaría luego su nombre: una gran avenida por donde circulaba el tranvía y que tenía siete filas de árboles. Cuando conocí este barrio me fascinó y cuando al nacer mi hijo tuve que dejar el centro de Madrid sabía donde quería vivir.
Me encanta caminar por esta calle con sus enormes aceras y su césped, y sus cientos de árboles. Cuando lo hago sola me encanta oír los trozos de conversaciones de la gente con la que me cruzo, o a la que adelanto; a veces tengo que andar más deprisa para seguir en la conversación o demorarme para no perderme la continuación de lo que cuentan. El otro día caminaba detrás de una pareja de esas de edad indefinida cuando me di cuenta de que iban hablando sin parar, así que aligeré la marcha y me coloqué tras de ellos dispuesta a ponerme al tanto de su charla. Me quedé de piedra al oír a la mujer decir: "Dios te salve María llena eres de gracia..." y al hombre contestar: "Santa María madre de Dios ruega por nosotros...".
Así que en cuanto llegué a casa le dije a Mr. Peep: "Tenemos que volver al centro de Madrid. ¡Ya!". Y en esas estamos.
