lunes, junio 20, 2005




En el suplemento del New York Times leí la semana pasada una noticia que me fascinó. En Pekín una chica de 29 años, Ouyang Junying, acude casi cada mañana a uno de los puntos más conflictivos del tráfico pekinés y, mientras los coches pasan a su lado, entre bocinazos y humos, abre un libro y se pone a leer en voz alta.
Hace esto desde hace casi cinco años, en que decidió estudiar inglés y descubrió que los ruidos le ayudan a concentrarse. Confiesa que no acude a un parque porque están atestados y la gente se fijaría en ella, pero el que la miren desde los coches no la desconcentra. Y continúa así, día tras día, mientras Pekín la mira y ella lee.