domingo, febrero 06, 2005




Se sorprende mi querida vireta de que cite al Gran Hermano. Hombre, por favor, de dónde cree que me viene ese fino conocimiento del género humano del que suelo hacer gala. No proviene, como podría pensarse, de mi lectura de novelas decimonónicas, para nada, ha sido ese programa el que me ha abierto los ojos. A mí me ha servido de mucho, la verdad. Por ejemplo, en la primera edición me enteré de que algunas chicas lo que buscan al emparejarse es alguien que las proteja. No me lo podía creer, que las protejan de qué me preguntaba, pues todavía no sé de que será pero ahora que estoy atenta ya lo he oído en otros foros y lo he leído en alguna revista del corazón. O sea que algo de cierto hay en eso.
A mí no es que me parezca mal que busquen protección, pero me pongo en el lugar de los chicos y menuda responsabilidad. Luego se quejan algunas de que los hombres no quieran comprometerse, yo los entiendo perfectamente, en su caso haría lo mismo, bastante tenemos con protegernos a nosotros mismos, a veces hasta de nosotros mismos, como para encima tener que cargar con la protección de otro. Quita, quita...
Y si dejé de ser seguidora de ese programa no fue porque me acabara cansando del formato sino por problemas de casting. Ya desde el principio lamenté que los concursantes fueran tan planos, gente sin sustancia y con tan pocas cosas que decir, pero lo peor estaba por llegar y al final terminaron con mi adicción. Lo he intentado con el formato VIP pero, como mi cultura televisiva es nula, me resultan tan desconocidos como los otros concursantes y no me entero del porqué de sus enfrentamientos. Eso sí, mañana montan un Gran Hermano de blogueros y vuelvo a sentarme de inmediato frente al televisor. Aunque ahora que lo pienso seguro que me dejaría la piel por ser una de las concursantes, que por algo me reprochan los que me quieren eso de que siempre tengo que ser el perejil de todas las salsas.