viernes, febrero 25, 2005




Este verano bajé una mañana con mi hijo a darme un baño a la piscina. Es el punto de encuentro de nuestra casa y, mientras Eduardo jugaba en el agua con sus amigos, yo charlaba con las madres de esos niños. Las conozco de verlas a menudo por el jardín y tenemos una relación digamos de compromiso. Nos saludamos y cruzamos cuatro comentarios ociosos y poco más. Pero ese día una de ellas estaba más habladora de lo normal y nos contó que se quedó embarazada cuando preparaba oposiciones para juez y ante esa situación decidió abandonarlas. "Además -nos decía-, mi padre siempre dijo que jamás conseguiría aprobarlas. Bueno, ya sabéis, cómo son los padres", concluyó.
Estuve a punto de decirle que si me presento en casa de mis padres contándoles que he decidido hacerme astronauta, por ejemplo, lo único que ellos me dirían es si van a tener que ir a Houston a despedirme o con verme por la tele cumplen. Que lo vaya a lograr lo darían por descontado.
Pero no dije nada, sólo le pedí que me pasara el ¡HOLA! Ya tendría tiempo de leerme la prensa por la tarde.