jueves, enero 20, 2005




Hace años vi dos películas de Patrice Leconte que me encantaron: El marido de la peluquera y Monsieur Hire. Hace días volví a ver en televisión la primera de ellas y de la segunda recuerdo que el protagonista era un tipo solitario que desde su ventana observaba a diario los movimientos de una chica que vivía enfrente. Siempre seguía el mismo ritual: esperaba detrás de los visillos a que su vecina volviera del trabajo ya de noche y cuando la casa de enfrente se iluminaba y la joven empezaba a deambular por su apartamento, el individuo se apostaba junto a la ventana mientras escuchaba el mismo movimiento de la primera sinfonía de Brahms.
Ahora acaba de estrenarse su última película Confidencias muy íntimas y el planteamiento me ha parecido muy atractivo. Una mujer acude por primera vez a visitar a un psicólogo y confunde la puerta donde se ubica la consulta. El profesional que la recibe no es un terapeuta sino un asesor financiero que cuando se da cuenta del malentendido, en vez de sacarla de su error la deja hablar y asiste asombrado a la narración de las intimidades que esa mujer le ofrece.
Espero ir a verla y espero que me guste, aunque lo que de verdad, de verdad me gustaría, sería ser yo la chica que está tumbada en ese diván, ser la protagonista de una historia parecida.