miércoles, diciembre 01, 2004




Ya sé que algunos me tachan de prepotente, que dicen que pretendo parecer doña perfecta y que voy por la vida bloguera simulando ser doña fantástica. Pues, bien, les voy a demostrar que se equivocan. Aquí donde me ven también sé reconocer mis errores. No me duelen prendas el tener que rectificar. Y no voy a intentar disculparme aduciendo que leí ese libro de relatos hace mucho tiempo. No. Me gusta coger al toro por los cuernos y eso es lo que vengo decidida a hacer.
Ayer releí el cuento de Raymond Carver, el que citaba en el post del domingo, y tengo que confesaros que el chico no quería ir a cazar patos sino gansos, lo que cambia sustancialmente el significado del post.
Mis disculpas a los gansos, a los que resté protagonismo, y a todos vosotros, a los que quizás os he hecho perder el tiempo intentando inútilmente gestionar conflictos con unas aves acuáticas que no suelen presentarlos, a diferencia de los gansos, que sí dan muchos quebraderos de cabeza.