jueves, febrero 02, 2012




Mi tercer trabajo en el taller de escritura consistía en describir una situación siguiendo el ritmo de este vídeo.

La duda

-¿Quieres leerlo, por favor?

Mueve hacia atrás la silla en la que está sentada separándola un poco de la mesa. Es medio rubia, de cara redondita y parece agitada. Se coloca sobre el regazo un bolso enorme en el que, inclinada y casi sumergida en él, busca algo. Su café aún está intacto sobre la mesa. Le tiende unas hojas. Están escritas a mano y parecen arrancadas de un cuaderno escolar. La muchacha pasa la vista por la barra y mira después hacia la calle a través del ventanal. Apenas hay nadie en la cafetería. La luz de las farolas es débil. Se adivina el frío de enero en el exterior.

Permanece callada, mueve la pierna, un tic ansioso, nervioso, ominoso.

Y delator.

Rebusca en el bolso, saca un cigarrillo, se lo lleva a la boca, hace intención de encenderlo, lo guarda, lo mira.

A él. Que lee.

Toma su taza, la aproxima a la boca, levanta la vista, mancha sus labios, abre la boca, va a decir algo.

No lo dice.

Erguida, contrae los labios, espera la sentencia, el veredicto, el fallo, la sanción, el dictamen.

Y teme.

Una pareja que entra la distrae. Se fija en las botas de la chica, que parece enfadada. Hablan en voz baja, ambos a la vez, quitándose la palabra el uno al otro. No se puede entender lo que dicen, pero lo dicen con vehemencia. Ella le da la espalda. Él deja una frase en el aire.

La muchacha medio rubia de cara redondita se aparta el pelo de la frente, se deja caer en el asiento, juguetea con una servilleta de papel, la enrolla, la desenrolla, la retuerce, la corta en trocitos. Que caen sobre su falda.

Y ya, cuando él vuelve la última página y sin darle tiempo a decir nada, le pregunta:

-Y bien ¿qué crees que debo hacer?